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lunes, 8 de junio de 2026

2. UNA CARTA A VAN GOGH

 Estimado Van Gogh, rey de los disparates, profeta en La Corte de los Milagros, desterrado del mundo de los necios y los sordos. Hoy te escribo esta carta porque sé que tu luz sigue brillando en la noche estrellada de los tiempos, guiando a los marginados y a los rebeldes para que solo se pierdan lo suficiente como para no dejar de ser ellos mismos.

 ¡Oh, poderoso entre los poderosos, clarividente, adelantado a tu época como todos los genios!

 Cuando contemplo el cielo sin estrellas de mi contaminada Madrid, pienso en ti. Porque solo tú como nadie supiste mirar a través del ruido, supiste encontrar un pedacito de bondad en medio del fango. Tu portabas el farolillo de Diógenes de Sínope. Te perdiste intentando buscar desesperadamente un hombre, pero no te diste cuenta que tan solo necesitabas mirarte ante el espejo, ante el espejo de tu alma clara.

 Hoy he terminado un viaje a través de los números Primos. Acabo de llegar a puerto y estoy muy cansada. Dicen que los números Primos son caóticos, dicen que son feos, dicen que son testarudos. Siempre se margina aquello que no se logra comprender, o que tan siquiera se quiere hacer el más mínimo esfuerzo.

 Los números Primos no son caóticos, se rigen por fuerzas cósmicas, aunque siempre dejan ese uno por ciento de imperfección que nos hace tan humanos, a aquellos pocos que todavía persistimos en ser humanos en este mundo oligofrénico y narcisista. Y sé que tu me comprenderías, sé que tú sabrías ver la inmensidad y la belleza de los números Primos, la belleza de lo diferente. Como supiste ver la frecuencia de las estrellas en tu Noche estrellada, girando en un aparente sinsentido, en remolinos de furia y desesperación. Pero tú sabías que debajo de ese aparente caos respiraba la vida. Porque la vida es el orden del caos, el único orden al que debemos guardar pleitesía.

 Hoy me siento, más que nunca, hermanada contigo. Tú pintaste La Noche Estrellada, yo he rescatado del polvo cósmico y del olvido algunas de esas estrellas que nadie supo, ni quiso, durante siglos comprender.

 Descansa, hermano, hasta que la noche estrellada de los tiempos nos reúna. Mientras, escucho tus suspiros en mis sueños. Y son esos suspiros los que me hacen recobrar siempre la cordura.

[Nuria. 08/06/2026]

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