¿Qué es ese alarido que me despierta por las noches en días de tormenta, cuando el alma está seca y tenemos sed y el trote descontrolado de una estampida de caballos salvajes amenaza con pisotearnos, y no queremos movernos para escapar?
Mientras, el gusano gordo, gordo, gordo, que ha devorado mi corazón desde que era pequeña, se ríe en las sombras...
La noche parece no terminar nunca, se alarga y se extiende ante mis ojos insomnes como un sudario sucio y carcomido. Se dobla sobre sus pliegues y me tapa la boca y me asfixio y ya no puedo más...
La imagen de un ser querido que ya no está acude en mi auxilio. Pero los demonios de la culpa y el remordimiento lo secuestran de nuevo, se lo llevan a rastras en un aquelarre, bailando y cantando como en esas siniestras danzas medievales de la muerte. ¡Adiós, querido y pequeño Tao!
Cierro los ojos, intento dormirme de nuevo, pero las pesadillas atraviesan mis párpados, son más reales que las ausencias que me pueblan, más escandalosas que una jauría de lobos hambrientos, más insistentes que mi propia voluntad anulada, aniquilada y agonizante. Las pesadillas, ellas deciden por mí, para mí...
No hay luna esta noche, no cantan las lechuzas como antaño, hay un tronco seco en mi jardín que ya no da frutos, solo bichos y más bichos...
¿Terminará esta noche eterna del alma alguna vez???
Me encojo, me acurruco en posición fetal, la luz del alba comienza a clarear, las flores nocturnas se encogen asustadas ante el cuchillo sangrante de la luz, la inminencia de otro nuevo día más, igual a todos los otros días, solo luz sobre la noche...
[Nuria. 06/09/2026]